Medina Azahara

martes, 31 de mayo de 2011 31.5.11 Publicado por Raquel Navarro 0 comentarios
Descubrí Medina Azahara, casi por casualidad, en mi primera incursión por tierras andaluzas. En ese momento, las ruinas de lo que fue el centro de poder omeya eran un punto en un mapa, junto a una indicación de "imprescindible". Su visita fue todo un descubrimiento. ¿Cómo es posible que casi no supiéramos de su existencia?, ¿por qué no se le ha dado más publicidad a este yacimiento? Y, sobre todo, ¿por qué no se ha excavado más?
Después quedaron las numerosas anécdotas de recorrer Medina Azahara en agosto, 3 de la tarde y con un calor insoportable. La sed y el calor ayudándonos a imaginar la corte y los palacios de Abd al-Rahmán III, ¿o era nuestra imaginación?, la caminata para volver al punto de salida... Pero sobre todo, el recuerdo de lo efímero, de lo que pudo ser (y por unos años lo fue) el centro del mundo, la ciudad más avanzada y refinada de occidente, y del que apenas quedan un conjunto de piedras a modo de recuerdo.
Ahora, doce años después, Medina Azahara se hace llamar por su nombre árabe, Madinat al-Zahra y un museo, premio de arquitectura incluido, recibe al visitante. Sin embargo, queda el calor de la planicie cordobesa y la misma pregunta: ¿por qué no se ha podido excavar más superficie? ¿Problemas técnicos o de dinero?

En octubre de 2009, el conjunto arqueológico inauguró el Museo de Madinat al-Zahra (premio Aga Khan de arquitectura). Se trata de una construcción que se mimetiza con el paisaje y se sumerge bajo tierra para no robar protagonismo al yacimiento. Tras su construcción, al visitante que llega a Medina Azahara se le aconseja que entre al museo antes de continuar la visita. Es gratuito y en su interior no sólo se encuentran restos encontrados en el yacimiento (capiteles, columnas, piezas de vajilla, cerámicas...), sino que además ofrece la posibilidad de ver un vídeo que narra de manera sintética, visual y ágil cómo se realizó la construcción de la ciudad, los usos, el estado original de los diversos espacios y él día a día en la vida del califa. Normalmente este tipo de material audiovisual suele ser pesado, aburrido y lento, pero en este caso me sorprendió muy gratamente. El vídeo dura unos 15 minutos y está hecho con animaciones. Pero ante todo, cumple con su función pedagógica, que es que cuando por fin accedes al conjunto arqueológico, tu mente está preparada para ver policromías, arcos y columnas donde sólo quedan restos de muros, piedras y huecos.


Abd al-Rahman III mandó construir Medina Zahara en el año 940, como símbolo de poder. Trasladaría así el centro del califato a un enclave desde el que dominaba la sierra y la llanura. La nueva ciudad albergó la residencia del soberano y su corte, que dejó Córdoba para seguir al califa. Medina Azahara se dibujó en forma de grandes terrazas. En la superiores, el palacio y los edificios administrativos; en las inferiores, la zona residencial y la mezquita.
La vida de la ciudad fue muy corta, apenas 75 años. Las luchas de poder terminaron desintegrando el califato y la ciudad fue sometida al expolio.

Las primeras exploraciones se realizaron a principios del siglo XX. En la actualidad sólo está excavada una décima parte de lo que fue Medina Azahara. Entre sus ruinas, aún se pueden entrever las dimensiones de la mezquita, el espacio destinado a los guardias, las viviendas superiores, la casa del primer ministro Ya´far (figura clave en los años centrales del califato), la plaza de armas y el salón de Abd al-Rahman (ahora en restauración).

La visita al conjunto de Medina Azahara es gratuita, tanto la entrada al museo como al yacimiento. Lo único que hay que pagar es el traslado en un autobús lanzadera de un punto a otro. Si el visitante accede en vehículo privado, este servicio cuesta 2,10 €. Si lo hace mediante el autobús de Turismo de Córdoba que une los 8 km entre Córdoba y Medina Azahara (dos salidas diarias), el trayecto, más una pequeña guía y el servicio lanzadera cuesta 7€. Si optas por esta modalidad, debes reservarla en uno de los puntos de información turística de Córdoba.
A tu regreso, supongo que cansado y acalorado por la visita, nada mejor que perderse por las callejuelas de Córdoba. Te dejo aquí un enlace con algunas de las tabernas que no deberías perderte: tabernas cordobesas.

Arcachon: ostras... y algo más

martes, 22 de febrero de 2011 22.2.11 Publicado por Raquel Navarro 0 comentarios
Paseando por el centro de Madrid me he encontrado con un letrero enorme en la puerta de un bar que anunciaba que tenían ostras de Arcachon. Y me he acordado de este lugar del que os quería hablar desde hace tiempo. Las ostras son su mejor reclamo, pero hay muchos otros motivos para viajar aquí.





Para empezar, por su emplazamiento. La localidad de Arcachon se encuentra en la costa atlántica francesa, justo en la bahía que lleva su mismo nombre. Al norte de Las Landas y a una hora de Burdeos.


Arcachon nació como un pueblo de pescadores. A principios del siglo XIX, el auge de los balnearios y las estaciones termales propició la creación de una estación de tren, dentro de la línea Burdeos-La Teste. Arcachon ganó una tremenda popularidad y comenzó a atraer a las familias acomodadas del país, que elegían este destino para descansar y tratar sus dolencias.
En 1862 los hermanos Péreire (empresarios ferroviarios) crearon la "Ciudad de Invierno". Un barrio situado sobre la montaña, con vistas al mar, que en poco tiempo se convirtió en el centro económico local. A lo largo de sus sinuosas calles se levantaron villas señoriales de fachadas góticas, balcones de madera, torres y jardines exóticos. En 1985 la Ville d´Hiver se convirtió en monumento histórico de Francia.


Además de los balnearios, Arcachon cuenta con numerosos atractivos naturales. En sus alrededores se encuentra la duna de Pilat. Surgida entre el mar y el bosque de las Landas, esta formación de arena de 3 km de longitud y 110 metros de altura ofrece unas vistas de la región inmejorables.


Dando un paseo en barco podemos ver el banco de Arguin, una reserva natural donde anidan cientos de aves. Y cerca, podremos vislumbrar dos cabañas que surgen del agua, son las llamadas tchanquées, que indican a su espalda la Isla de los Pájaros, una pequeña isla dentro de la bahía en la que se refugian las aves.


El paseo marítimo, la lonja, el Museo Acuario o el mirador Belvedere son otros de los principales puntos turísticos. Y, como decíamos al principio, las ostras. La bahía de Arcachon es una de las principales cuencas francesas en la producción de este molusco. En esta zona se consumen todo el año, acompañadas de pequeñas salchichas (crépinettes), con un vinagre de chalotas, crudas, calientes e incluso con foie. Y siempre acompañadas de un buen vino de la zona de Burdeos.

Ahora que llega el buen tiempo, ¿a quién no le apetece pasearse por Arcachon y tomarse unas ostras con una copa de vino frente al mar?

Fotos: www.arcachon.com, rufino, sam nimitz, pvaneynd, Emilio del Prado (flickr)

Dzanga-Sangha: un paraíso por descubrir

A pesar del daño que estamos causando a la Naturaleza, todavía quedan unos cuantos rincones en los que el hombre puede encontrar un recuerdo del paraíso perdido. En pleno corazón de África, el parque de Dzanga-Sangha es uno de ellos.
En su superficie conviven numerosas especies animales, haciendo de esta reserva un lugar único en el mundo en el que observar el comportamiento animal es todo un espectáculo que merece la pena ser vivido.

Reserva natural

Situada en la República Centroafricana, la reserva de Dzanga-Sangha limita al oeste con Camerún y al sur con la República del Congo y forma parte del Parque Sangha River, un proyecto de protección de la selva tropical que une  las reservas naturales de estos tres países (Dzanga, Lobeke en Camerún y Nouabale-Ndoki en el Congo).
Sin duda el mayor atractivo de Dzanga-Sangha reside en su fauna: gorilas, antílopes, elefantes y numerosas especies de mamíferos pueblan esta reserva. Y de todos ellos, la observación de gorilas es el principal reclamo turístico.
Cada día una avanzadilla de pigmeos  informa sobre la localización del grupo de gorilas (Gorilas Occidentales de tierras bajas, una especie endémica de África Central). Al amanecer un grupo de investigadores, a los que pueden acompañar un máximo de tres turistas, sale desde el campamento de Bai Hokouen en busca de estos para proceder a su estudio. Científicos y turistas buscan y siguen al grupo durante varias horas hasta que reciben el relevo que seguirá monitorizando el movimiento de los gorilas. La jornada puede ser extenuante, ya que los gorilas pueden desplazarse muchos kilómetros en busca de comida.


Elefantes, búfalos, antílopes bongos, chimpancés, babuinos y galagos son las otras estrellas de la reserva. Junto a ellos, otra de las grandes atracciones es la observación de aves. Bien haciendo senderismo o bien navegando en canoa, se pueden avistar hasta 379 especies de aves y 200 clases de mariposas dentro del Parque.


Los Pigmeos Baka
En la República Centroafricana habitan 11 tribus indígenas, de las cuales los Baka son los que se asientan en Dzanga.
Los Baka son un pueblo pigmeo, originariamente nómada, pero que, a consecuencia de la deforestación provocada por las empresas madereras, se está sedentarizando. Su esencia como comunidad se expresa mediante la música y la danza, artes que les permiten conectar con dioses y antepasados.
Los Baka son una tribu acogedora, que acepta con entusiasmo la presencia de turistas. Además de acompañarlos en la búsqueda de gorilas, los turistas pueden degustar sus platos locales, practicar con ellos la caza con red y la recolección de plantas medicinales.

Información práctica
Para llegar a la reserva, lo mejor es volar hasta Bangui y desde ahí hasta Bayanga, localidad principal que se encuentra a 35 km del parque. Una vez en Bayanga se puede encontrar alojamiento, desde sencillas cabañas de bambú, hasta los lujosos bungalows del Doli Lodge con vistas al río Sangha.

Pasear por la selva tropical, convivir con pigmeos, observar familias de gorilas y elefantes en su hábitat, navegar en canoa... ¿Quién dijo que no existía el paraíso?

Fotografías: Nicolas Rost (Flickr)

MADAGASCAR

jueves, 27 de enero de 2011 27.1.11 Publicado por Raquel Navarro 1 comentarios
 Siguiendo la premisa de conquistar el trópico, si tuviese que elegir un punto del trópico de Capricornio en el que parar para descansar y reflexionar sobre mi conquista, éste sería Madagascar.
Más que una isla es una enorme arca de Noé. Sólo en ella existe el 58% de las especies del mundo, de las cuales el 80% son endémicas de esta gran isla. Los lemures son los animales más conocidos, pero además de ellos se encuentra una gran variedad de peces, aves y reptiles.

Su situación, a medio camino entre Áfica y Asia, ha hecho de Madagascar un punto clave para el comercio y la navegación a lo largo de la Historia. A pesar de estar más cerca de África (416 km), fueron colonizados por los indonesios antes que por los africanos. De ahí que su lengua contenga rasgos polinesios. Posteriormente llegaron bantúes, persas, árabes, portugueses, españoles e ingleses. Aunque a los europeos no les dejaron estar mucho tiempo en la isla... No me extraña.

Madagascar es el paraíso para espeleólogos, etnólogos, ornitólogos y amantes de la naturaleza en general. Por suerte para su flora y fauna, el turismo aún no ha invadido la isla. Por desgracia para el turista medio, éste es un viaje de aventura. No hace falta llegar a ser Indiana Jones, pero no está de más ir preparado para realizar unas cuantas caminatas. Sólo así descubriremos zonas que de otra manera serían inaccesibles.

La zona más turística es la que rodea Nossi Bé: una pequeña isla al norte de la principal, con sus playas y arrecifes de coral perfectas para practicar buceo o para hacer excursiones en barco y disfrutar de la influencia de la presencia francesa en la cocina local.

Quienes prefieran el trekking y el ciclismo tienen numerosas rutas para recorrer los 19 parques naturales que recorren la isla. Los senderos discurren por arrozales, montes bajos, valles con fuentes termales, montes de granito como el de Marojejy (con picos de más de 2.000 metros de altura), palmerales, etc. Uno de los más transitados por los turistas es la ruta de los baobabs, que se encuentra en la región de Morondava, al oeste de la isla.

Entre los parques más grandes se encuentra el de Masoala. Es el espacio protegido más amplio de la isla. Alberga 2.000 especies diferentes de plantas y 38 de mamíferos, entre ellos 13 tipos de lémures, 5 de tortugas, 111 de aves y más de 600 especies de peces de arrecife.

Como se ve, Madagascar es la isla de las cifras. Sin duda el destino perfecto para aventureros y ecoturistas.
¿Te animas?




Colonia, donde descansan los Reyes Magos.

miércoles, 5 de enero de 2011 5.1.11 Publicado por Raquel Navarro 0 comentarios
Se acerca la noche de Reyes y, a la espera de ver si nos traen algún viaje o algún libro que nos haga viajar a modo de regalo, es una buena fecha para recordar una ciudad de Europa ligada a los protagonistas de esta tradición: Colonia.


Después de un largo peregrinaje por Tierra Santa, Constantinopla y Milán, en 1164 las reliquias de los Reyes Magos llegaron a Colonia como regalo del emperador Federico Barbarroja a la ciudad. A partir de entonces, la afluencia de peregrinos fue cada vez mayor, lo que promovió la construcción de una catedral que albergara el tesoro. La Kölner Dom se construyó entre 1248 y 1880, año en el que se depositó la arqueta con las reliquias tras el altar mayor.
Sin duda, la imagen de la catedral gótica grabada en la retina es el mejor regalo que los turistas se pueden llevar de la ciudad. Y no es por desmerecer el resto, pero es que su vista es tan impresionante que es difícil de olvidar. Especialmente si la descubres un día de niebla como me sucedió a mí. 
Recuerdo cómo nada más salir de la estación apareció como una imagen fantasmagórica, con la piedra ennegrecida emergiendo tras la nieblina y la luz de los focos difuminando el contraste con el fondo negro del cielo. No parecía el centro de niguna ciudad, parecía surgida de la nada, suspendida entre la bruma.

Situada a orillas del río Rin, Colonia es la cuarta ciudad más grande de Alemania.  La catedral fue el único edificio que quedó en pie tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial,  aunque sufrió muchos daños. De heho, prácticamente el 80% de la ciudad tuvo que ser reconstruido. Como curiosidad, resulta irónico que, además del Dom, otro de los edificios que resisitió los bombardeos fue la sede regional de la Gestapo (EL-DE Hause), edificio en el que hoy podemos visitar las diez celdas que servían para realizar los interrogatorios y una exposición sobre el paso del nazismo por la ciudad.
En estas fechas navideñas Alemania se llena de mercados navideños y Colonia no podía ser menos. Nada menos que siete mercados salpican el callejero de la ciudad. En ellos podemos encontrar  productos artesanales como juguetes, adornos navideños, bisutería, velas y trabajos en madera; sin olvidarnos de las casetas gastronómicas. Para los alemanes los mercados son puntos de encuentro en los que resguardarse del frío tomando un vino caliente especiado, salchichas, patatas asadas y, cómo no, la cerveza local: Kölsch.
Además del Carnaval, uno de los más importantes de Europa, en Colonia se pueden visitar varios museos:
-El Museo del Chocolate: como su nombre indica alberga una exposición sobre el origen del cacao y  la elaboración del chocholate.
-El Museo Ludwig: posee una de las mejores colecciones de arte abstracto, surrealista  y pop art de Europa. 
-El Museo Romano-Germánico:  con obras que recogen la huella dejada por los romanos en Alemania.
-El Wallraf-Rochartz Museum: alberga obras de Rubens, Rembrandt, Lochner, entre otros.
Para más información: http://www.museenkoeln.de/

Por último, y como curiosidad, el agua de colonia debe el nombre a esta ciudad ya que fue aquí donde el italiano Farina la inventó en el siglo XVIII. Años más tarde, la empresa que compró la licencia para su fabricación fue obligada a no utilizar el nombre de Farina, por lo que decidió emplear el número de la casa donde se encontraba la fábrica, el 4711, nombre por el que sigue siendo conocida.


Colonia es una ciudad cómoda para visitar. Moderna, cultural y con mucha vida nocturna. Eso sí, si piensas ir en invierno te recomiendo que vayas bien abrigado, más que por el frío por el índice de humedad, que suele rondar el 80%.